Republica Dominicana

¿De qué hablamos cuando decimos autocuidado?

¿De qué hablamos cuando decimos autocuidado?

Hablar de autocuidado es conversar sobre la totalidad de una persona. Aunque es una noción que en muchas ocasiones no se visualiza en las consultas, es fundamental en los tratamientos.

En el autocuidado, reconocemos al cuidado como modo de ser esencial en cada uno de nosotros, lo ejercemos para nuestro bienestar, así nos ubica en el centro de nuestras acciones, cada uno de los actos que llevamos a cabo son para nuestra auto-conservación, y demostración de auto-valía.

Así, el autocuidado se convierte en un acto de vida, permitiéndonos apoderarnos de nuestras propias acciones para con nosotros mismos, es una filosofía de vida, una relación con nuestro ser que conlleva responsabilidad íntima ligada a la cotidianidad, cada uno de los actos que generamos se fundan en nuestras experiencias, sostenidas en nuestras redes familiares y sociales, así es el resultado de nuestra práctica social e histórica. Al tener como objetivo el sustento de la vida, las acciones que constituyen nuestro propio cuidado deben ser realizadas de manera individual y sin planificación.

Para el desarrollo del autocuidado, la persona:

-Cuenta con autoestima y empoderamiento sobre su salud, lo que favorece el control personal. Al potenciar el autoestima se impulsan acciones deliberadas de autoafirmación, autovaloración, autorreconocimiento y autoexpresión de aspectos que nos llevan al bienestar.

-Se involucra en el diálogo y el conocimiento, articulando sentidos y significados para construir una visión esclarecedora del proceso salud-enfermedad. Por lo que identifica las conductas que lo llevan a la salud.

-Explora entre las conductas y el conocimiento, realiza acciones que armonicen con el conocimiento que se va adquiriendo, es decir, tiene una coherencia entre el saber y el hacer.

– Analiza su situación. El autocuidado es contextual, pues la persona lleva a cabo las acciones en su situación (género, etnia, geografía), analizando y actuando en su momento histórico, por lo que las acciones de autocuidado son individuales, y así deben de potencializarse desde la situación de cada uno de nosotros.

– Participa en procesos en pro de la salud, es activo en grupo de iguales que le ayudan construyendo acciones en pro de la salud.

Dorothy Orem (1994) indica que el autocuidado es una capacidad y una agencia que conlleva habilidades para las acciones deliberadas: habilidad de atenderse en situaciones específicas, comprender características y significados, percibir la necesidad de cambiar o regular el comportamiento, y lograr la destreza para lograr un cambio.

Existe un déficit en el autocuidado, cuando la demanda de la acción es mayor que la capacidad de la persona para actuar, cuando la persona no tiene la capacidad y/o no desea emprender las acciones requeridas para cubrir las demandas de autocuidado, esto puede ser por falta de conocimiento, autovalía o apoyo, orillando al descuido de la salud, y por ende al bienestar, muchas veces no sólo de su ser, sino de su entorno.

Y es que ante la adversidad o en la enfermedad, podemos dejar o no llevar a cabo las acciones de auto-beneficio, descuidando el régimen dietético, la medicación, el control de peso y los cuidados personales, esto muchas veces porque negamos la enfermedad, atenuando la  gravedad de la misma, ante un diagnóstico podemos ejercer conductas agresivas, rechazando el tratamiento o bien caer en un estado de depresión, teniendo un papel pasivo ante la demanda de cuidado en la enfermedad, todo esto llevándonos a complicaciones, que en muchos casos son prevenibles.

Así el modo de afrontamiento y el desarrollo de habilidades para el autocuidado, es uno de los retos más grandes que tenemos como profesionales, ya que nos enfrentamos con diferentes historias al estar con los pacientes, y una de nuestras tareas es el fortalecer la capacidad de afrontar los problemas o limitaciones que percibe la persona proveniente del padecimiento que lo lleva a consultarnos, con el objetivo de lograr un papel activo en su cuidado, empoderándolo de habilidades que le permitan el accionar en pro de su bienestar.

 

Por: Tania Marisol García Saucedo, licenciada en Psicología



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